
El problema es que tu te enamoraste de mis flores, no de mis raíces... Y cuando vino el otoño no supiste que hacer.
Mi problema fue que me enamoré de lo mas profundo de ti, no de lo que te cubría... Y cuando el otoño acabó, yo necesitaba seguir teniéndote ahí. Quería seguir contigo para ver como caían las hojas secas en otoño y pisarlas como si de un angustioso pasado se tratase. Para que el invierno no hiciera tanta mella en mí, y no hablo preciosamente del frío. Te quería para disfrutar de la primavera, de sus olores, del tuyo.. Para bañarme en verano en tus labios, en cada centímetro de tu cuerpo.
Pero se acabó.
Y se acabó como se acaba el peor de los temporales, dejando a la deriva un barco náufrago, sin rumbo, sin capitán. Una zona cero casi sin supervivientes, donde los pocos restos que quedaron fueron aquel mar bravío y cientos de desechos esparcidos en él y en los alrededores de aquella ciudad que tantos secretos guardaba.
Mi salvación fue aferrarme a un árbol robusto que había conseguido seguir en pie a pesar del temporal, dado que sus raíces nunca se pudrieron y estaban fuertes. Un árbol que a pesar de sufrir tantos temporales, nunca se vino abajo.
De tu salvación me gustaría hablar, pero creo que se fue con la marea...