Seguidores

lunes, 31 de marzo de 2014

Ojalá me quieras libre

Exponte a tu miedo más profundo, después de eso, el miedo no tiene poder y el miedo a la libertad se encoge y desapareces, entonces serás libre.

Pongamos que hablo de Madrid

¿Añoramos un sitio por sus rincones, su encanto y todas las experiencias y anécdotas vividas allí, o sólo guardamos ese bonito recuerdo por la persona con la que compartimos y nos hizo ver de ese modo dicho lugar?

No te quiero tanto

Pongamos que hoy eche de menos una caricia, un susurro al oído o una mirada al otro lado de la almohada. Pongamos que eche de menos el calor de un abrazo en una noche fría, de esas que las gotas calan el cuerpo y no me refiero a las de la lluvia. Pongamos que eche de menos esa piedra en el camino que por una vez, no estaba ahí para tropezar, si no para sentarte a descansar y así seguir luchando con más fuerzas. Pongamos que eche de menos andar el camino escuchando algo más que música en mis oídos, esa voz que te recordaba hacia donde ibas cuando perdías el rumbo. Que eche de menos esa ilusión. Porque también que en medio del camino, una sonrisa brota cual flor en primavera y que alguien riega cada día sin saber si al final conseguirá llegar a olerla o se marchitará como tantas cosas. Pongamos que…Ya he supuesto bastante. Ahora quiero seguir andando sola para ver hacia donde me lleva mi camino, sin pensar en nada más, tan solo disfrutar de esos pequeños pero a la vez grandes detalles. Llevo el paraguas a cuestas por si vuelve a llover, pero al menos, por ésta noche, no me importaría compartirlo.

Olvidar es difícil para quien tiene corazón

No existe el olvido. No se puede olvidar a una persona o un hecho, sólo se aprende a vivir con esos recuerdos. Recuerdos de personas que nunca volverán, de las que un día decidieron no continuar a nuestro lado el camino. Recuerdos de hechos vividos, anécdotas pasadas. No desaparecen de un día para otro, ni los meses, ni el paso de los años borran esos recuerdos, tan sólo comenzamos a darle importancia a otras cosas o a otras personas que nos van alejando de lo que mas daño nos hizo, hasta que logramos que ese daño no nos influya tanto como para parar en el camino. Es una cuestión mas que nada, de tiempo.. O de actitud, según se mire. Porque hay días que desearía que mi memoria se reiniciara, borrarlo todo y empezar de cero, pero, ¿merecería la pena borrar también los buenos momentos? Sin embargo, otras, daría lo que fuera por recordar mas de lo que mi cabeza es capaz y disfrutar por unos instantes de aquellos viejos tiempos en los que todo era mejor. Pero por suerte o desgracia, no se puede, y toca aceptar la realidad, ser fuerte en días señalados y en los que no lo son también, y aunque sea muy difícil, quedarse con los buenos momentos, que de una forma u otra, son los que día a día nos hacen darle más valor a las cosas que tenemos antes de perderlas. 

Somos el tiempo que nos queda

Qué rápido pasa el tiempo a veces y que despacio cuando esperas algo con todas tus ganas y no llega. Algo que llevas deseando años y que, aunque ya se empieza a ver algo de luz al final del túnel, aún sabes que queda mucho camino por recorrer. Las fuerza flaquean y a veces la situación te sobrepasa. No sabes si decir basta o subir más la apuesta. Si arriesgarlo todo o seguir esperando con paciencia. Pero en algún momento de toda esta angustia, miras atrás y piensas en todo lo que has conseguido hasta ahora, pequeños pasitos pero a la vez grandes avances y sólo ahí vuelves a recordar el por qué tienes que seguir adelante a pesar de no saber bien cómo hacerlo. Recordar que aún queda gente que te quiere y seguirá ahí al pie del cañón para darte un empujón más.
Aunque por una vez, el problema no sea contar con gente, sino saber contar con uno mismo.

viernes, 28 de marzo de 2014

Carpe Diem


Y cuesta entender que las peores heridas, las más profundas, nos la hemos hecho nosotros mismos esperando que viniese alguien a curarnos. Esperando siempre que una mano nos ayudara en cada momento de nuestras vidas. Esperando y confiando ciegamente en que no nos soltasen. Y claro, llega ese momento, en el que cuando menos te lo esperas, te sueltan en el borde de un precipicio, sin nada a lo que agarrarte y te dejan ahí, como si nada. Y caes, y la caída  es demasiado dura. Toca volver a limpiarte una vez más esas heridas, pero ésta vez sola. Y son tantas las cicatrices ya, que quizás no importe llevar una más encima. Y no es tanto el dolor físico como el de saber que te toca una vez más enfrentarte sola a todo. Y con las heridas aún abiertas, llega un momento en el que caes a plomo superada por la situación, como cuando te dejaron caer al precipicio, y es ahí cuando te das cuenta de que quizás has tenido que perderte en un momento de tu vida para encontrarte con quien de verdad siempre has querido ser. Y es en ese momento  cuando te paras a pensar en porqué nadie te tiró tan fuerte antes, porqué nadie te rompió en tantos pedazos y de ese modo reencontrarte antes con tu otro “yo”. Ése al que echabas de menos, al que quizás llevabas echando de menos  toda la vida y que ahora está a punto de volver.
Y cuando por fin te das cuenta de que tu vida no ha hecho nada mas que empezar, que la vida consiste en caer y levantarse, mientras tropiezas con algo nuevo cada día, lo ves todo de otro color. Un color que ni siquiera sabias que existía. Y te agarras con fuerza, con ilusión, con decisión, con ganas, muchas ganas al presente. Sabiendo que sólo tenemos ese instante, que el pasado ya pasó y que el futuro está delante. Sólo tenemos una hoja en blanco en la que pintar nuestro destino y ya está bien de tantos garabatos. Nunca más creer que lo triste durará más que nuestras fuerzas. Depende de nosotros. Y yo, no pienso perder mas mi tiempo. Que como dice la frase: vive tu vida que nadie va a morir por ti.