Bienvenidos a mi secadero. El agujero donde duerme cada noche mi corazón de mimbre. Donde los días de mierda y cuchara me despellejo escribiendo en un cuarto sin ventanas esperando que lleguen los lunes de octubre. Atte: La sonrisa despeinada de ir contra de los vientos.
Seguidores
lunes, 31 de marzo de 2014
Ojalá me quieras libre
Exponte a tu miedo más profundo, después de eso, el miedo no tiene poder y el miedo a la libertad se encoge y desapareces, entonces serás libre.
No te quiero tanto
Pongamos que
hoy eche de menos una caricia, un susurro al oído o una mirada al otro lado de
la almohada. Pongamos que eche de menos el calor de un abrazo en una noche fría,
de esas que las gotas calan el cuerpo y no me refiero a las de la lluvia.
Pongamos que eche de menos esa piedra en el camino que por una vez, no estaba
ahí para tropezar, si no para sentarte a descansar y así seguir luchando con
más fuerzas. Pongamos que eche de menos andar el camino escuchando algo más
que música en mis oídos, esa voz que te recordaba hacia donde ibas cuando perdías el rumbo. Que eche de menos esa ilusión. Porque también que en medio
del camino, una sonrisa brota cual flor en primavera y que alguien riega cada día sin saber si al final conseguirá llegar a olerla o se marchitará como
tantas cosas. Pongamos que…Ya he supuesto bastante. Ahora quiero seguir andando
sola para ver hacia donde me lleva mi camino, sin pensar en nada más, tan solo
disfrutar de esos pequeños pero a la vez grandes detalles. Llevo el paraguas a
cuestas por si vuelve a llover, pero al menos, por ésta noche, no me importaría
compartirlo.
Olvidar es difícil para quien tiene corazón
No existe el olvido. No se puede olvidar a una persona o un hecho, sólo se aprende a vivir con esos recuerdos. Recuerdos de personas que nunca volverán, de las que un día decidieron no continuar a nuestro lado el camino. Recuerdos de hechos vividos, anécdotas pasadas. No desaparecen de un día para otro, ni los meses, ni el paso de los años borran esos recuerdos, tan sólo comenzamos a darle importancia a otras cosas o a otras personas que nos van alejando de lo que mas daño nos hizo, hasta que logramos que ese daño no nos influya tanto como para parar en el camino. Es una cuestión mas que nada, de tiempo.. O de actitud, según se mire. Porque hay días que desearía que mi memoria se reiniciara, borrarlo todo y empezar de cero, pero, ¿merecería la pena borrar también los buenos momentos? Sin embargo, otras, daría lo que fuera por recordar mas de lo que mi cabeza es capaz y disfrutar por unos instantes de aquellos viejos tiempos en los que todo era mejor. Pero por suerte o desgracia, no se puede, y toca aceptar la realidad, ser fuerte en días señalados y en los que no lo son también, y aunque sea muy difícil, quedarse con los buenos momentos, que de una forma u otra, son los que día a día nos hacen darle más valor a las cosas que tenemos antes de perderlas.
Somos el tiempo que nos queda
Qué rápido pasa
el tiempo a veces y que despacio cuando esperas algo con todas tus ganas y no
llega. Algo que llevas deseando años y que, aunque ya se empieza a ver algo de
luz al final del túnel, aún sabes que queda mucho camino por recorrer. Las
fuerza flaquean y a veces la situación te sobrepasa. No sabes si decir basta o
subir más la apuesta. Si arriesgarlo todo o seguir esperando con paciencia.
Pero en algún momento de toda esta angustia, miras atrás y piensas en todo lo
que has conseguido hasta ahora, pequeños pasitos pero a la vez grandes avances
y sólo ahí vuelves a recordar el por qué tienes que seguir adelante a pesar de
no saber bien cómo hacerlo. Recordar que aún queda gente que te quiere y seguirá ahí
al pie del cañón para darte un empujón más.
Aunque por
una vez, el problema no sea contar con gente, sino saber contar con uno mismo.viernes, 28 de marzo de 2014
Carpe Diem

Y cuesta
entender que las peores heridas, las más profundas, nos la hemos hecho nosotros
mismos esperando que viniese alguien a curarnos. Esperando siempre que una mano
nos ayudara en cada momento de nuestras vidas. Esperando y confiando ciegamente
en que no nos soltasen. Y claro, llega ese momento, en el que cuando menos te
lo esperas, te sueltan en el borde de un precipicio, sin nada a lo que
agarrarte y te dejan ahí, como si nada. Y caes, y la caída es demasiado dura. Toca volver a limpiarte una
vez más esas heridas, pero ésta vez sola. Y son tantas las cicatrices ya, que quizás
no importe llevar una más encima. Y no es tanto el dolor físico como el de
saber que te toca una vez más enfrentarte sola a todo. Y con las heridas aún
abiertas, llega un momento en el que caes a plomo superada por la situación,
como cuando te dejaron caer al precipicio, y es ahí cuando te das cuenta de que
quizás has tenido que perderte en un momento de tu vida para encontrarte con
quien de verdad siempre has querido ser. Y es en ese momento cuando te paras a pensar en porqué nadie te
tiró tan fuerte antes, porqué nadie te rompió en tantos pedazos y de ese modo
reencontrarte antes con tu otro “yo”. Ése al que echabas de menos, al que
quizás llevabas echando de menos toda la
vida y que ahora está a punto de volver.
Y cuando por
fin te das cuenta de que tu vida no ha hecho nada mas que empezar, que la vida
consiste en caer y levantarse, mientras tropiezas con algo nuevo cada día, lo
ves todo de otro color. Un color que ni siquiera sabias que existía. Y te
agarras con fuerza, con ilusión, con decisión, con ganas, muchas ganas al
presente. Sabiendo que sólo tenemos ese instante, que el pasado ya pasó y que
el futuro está delante. Sólo tenemos una hoja en blanco en la que pintar
nuestro destino y ya está bien de tantos garabatos. Nunca más creer que lo
triste durará más que nuestras fuerzas. Depende de nosotros. Y yo, no pienso
perder mas mi tiempo. Que como dice la frase: vive tu vida que nadie va a morir
por ti.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


