Pongamos que
hoy eche de menos una caricia, un susurro al oído o una mirada al otro lado de
la almohada. Pongamos que eche de menos el calor de un abrazo en una noche fría,
de esas que las gotas calan el cuerpo y no me refiero a las de la lluvia.
Pongamos que eche de menos esa piedra en el camino que por una vez, no estaba
ahí para tropezar, si no para sentarte a descansar y así seguir luchando con
más fuerzas. Pongamos que eche de menos andar el camino escuchando algo más
que música en mis oídos, esa voz que te recordaba hacia donde ibas cuando perdías el rumbo. Que eche de menos esa ilusión. Porque también que en medio
del camino, una sonrisa brota cual flor en primavera y que alguien riega cada día sin saber si al final conseguirá llegar a olerla o se marchitará como
tantas cosas. Pongamos que…Ya he supuesto bastante. Ahora quiero seguir andando
sola para ver hacia donde me lleva mi camino, sin pensar en nada más, tan solo
disfrutar de esos pequeños pero a la vez grandes detalles. Llevo el paraguas a
cuestas por si vuelve a llover, pero al menos, por ésta noche, no me importaría
compartirlo.

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