Qué rápido pasa
el tiempo a veces y que despacio cuando esperas algo con todas tus ganas y no
llega. Algo que llevas deseando años y que, aunque ya se empieza a ver algo de
luz al final del túnel, aún sabes que queda mucho camino por recorrer. Las
fuerza flaquean y a veces la situación te sobrepasa. No sabes si decir basta o
subir más la apuesta. Si arriesgarlo todo o seguir esperando con paciencia.
Pero en algún momento de toda esta angustia, miras atrás y piensas en todo lo
que has conseguido hasta ahora, pequeños pasitos pero a la vez grandes avances
y sólo ahí vuelves a recordar el por qué tienes que seguir adelante a pesar de
no saber bien cómo hacerlo. Recordar que aún queda gente que te quiere y seguirá ahí
al pie del cañón para darte un empujón más.
Aunque por
una vez, el problema no sea contar con gente, sino saber contar con uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario